Los que en algún momento pensaron fundar La Ligua en Rayado, no habrían imaginado que después de 252 años, ese sector sería la prolongación de una ciudad que apretadamente entre cerros; siguiendo la línea del río, el que en sus tiempos de gloria y en más de un invierno; reclamó sus terrenos perdidos por la voracidad del hombre, arrastrando a su paso: viviendas, enseres y animales; anegando incluso la calle Ortiz de Rozas, como cuentan nuestros abuelos. Hoy venido a menos; depósito de basuras y aguas servidas.
La identidad de los pueblos, es la personalidad de los mismos y se manifiesta a través de sus múltiples actividades ya sean estas productivas, sociales o culturales, marcando la historia y la tradición de los grupos humanos.
¡Cómo ha cambiado La Ligua! Esa parece ser la expresión más escuchada por quienes regresan luego de prolongadas ausencias o por los mismos liguanos que no nos convencemos ni aceptamos los vertiginosos cambios, que nos quitan, un poco cada día de nuestra historia.
Modernas edificaciones; un bullente comercio; nuevas poblaciones que han extendido los límites urbanos a territorios que los antiguos habitantes de este valle ni siquiera soñaron.
Los recuerdos se centran en ese pequeño pueblo, que limitaba al sur con calle Papudo; al norte con 26 de Noviembre; al Poniente con Manuel Montt y 3 de Junio por el oriente.
Casas de adobes de amplios patios y corredores. Quintas con naranjos, paltos y nogales dieron paso al cristal, al cemento y al metal y no por caprichos o excesos del crecimiento económico, la madre natura nos ubicó estrategicamente para forjar el carácter de los liguanos; siempre listos a la emergencia y dispuestos a levantar la cabeza luego de cada terremoto. Sin embargo, La Ligua ha sido siempre una ciudad con clara identidad cultural, con raíces profundas en el amor a la tierra y el incesante pedalear de los telares y una rica tradición deportiva y social.
¿ Cómo olvidar la eterna rivalidad entre Libertad y Flecha? La grandiosidad de las fiestas primaverales, donde todo el pueblo participaba activamente en las competencias, veladas y farándulas.
¿ Cómo olvidar, las inolvidables noches de verano, donde la plaza de armas, recibía a las calcetineras y veraneantes, los que al ritmo de Elvis, Paul Anka o Little Richard, daban rienda suelta al frenesí del rock and roll, al primer beso o a la primera piteada de Monarch o Particular?
¿ Cómo olvidar los malones y fiestas organizadas en casa particulares. Las bromas estudiantiles de los alumnos del Liceo Parroquial Diego Portales, que dirigía el "Padre Flores" o los arranques de rebeldía de las alumnas del Colegio Santa María, quienes se arriesgaban al duro sermón de las religiosas de la Siervas del Espíritu Santo?
Grandes maestros forjaron generaciones, en doble jornada, en las tradicionales Escuelas de Mujeres nº 2 y Superior nº 1 de Hombres, que prolongaban los recreos en la calle Papudo, a raíz de las peleas inconclusas al interior del establecimiento, lugar donde los contrincantes zanjaban sus diferencias, con nutridas y entusiastas barras; pero la calle Papudo, no era solo un improvisado ring o cuadrilátero, al caer la noche daba paso a los encuentros clandestinos de los amantes o pololos que desafiaban la férrea autoridad de los padres de la época.
Ortiz de Rozas con Polanco, "la esquina de la puñalada", donde todo se sabía. Como un rito cada noche, conocidos personajes se dabán cita para dar a a conocer las primicias de la chimuchina pueblerina. La esquina de Portales con Polanco, Ferretería de don Martín Galaz, territorio elegido por los incondicionales del Unión Serrano, que discutian y analizaban cada jugada del último partido.
Dentro de las actividades tradicionales, la semana liguana ha acompañado la vida cultural de La Ligua y la provincia. El mejor basquetball nacional se daba cita en la Escuela Superior nº 1 de hombres. Grandes nombres, grandes deportistas: Juán Linowsky, Juán Tobar, Roberto Silva, Fornoni, El Pera Contreras o el Kiko Valenzuela, como parte del poderoso quinteto del Arabe de Valparaíso. En el plano local, destacamos el baloncesto escolar. Muchos títulos nacionales, obtenidos con Horacio Espinoza, Ulises Valdivia y Juán Robles a la cabeza, derrotando a grandes ciudades con una poderosa infraestructura ya en esa época. Gracias a la A.D.E.P delegaciones de todo el país, concurrían una vez al año a una ciudad sede de Chile, para participar durante 15 días, en campeonatos con una gran convocatoria de público. Tamaña empresa hoy en día, sería un sueño imposible de llevar a cabo.
Semana liguana con cancha de tierra en el Estadio Enrique Doll. Equipos profesionales completos defienden a los locales, como si fuera el último partido de sus vidas. Tarde de gloria para Galindo al derrotar al "Negro Araya", la entrega del "Toscano Vásquez" , Hugo Lepe o el "Toño Vargas". Habitues de las liguanas. Eran otros tiempos. El "Mosco Venegas" luego de una larga trayectoria deportiva como jugador y técnico optó por quedarse definitivamente en La Ligua.
Los cambios del mundo, aunque tardíamente, también llegaron a La Ligua. Las radioemisoras capitalinas daban cuenta que cuatro muchachos ingleses, estaban provocando un quiebre. Una revolución no solo en lo musical, sino que en la vida entera.
Las primeras imágenes de tv, nos llegan a través del canal 4 de Valparaíso que eran exhibidas en televisores Westighouse de 23´en el Restaurant Saint Francoise, donde do Ramón Gutierrez con una serie de injertos en las antenas exteriores, lograba captar lo que parecían ser figuras humanas que hacían las delicias de los telespectadores, algunos de los cuales se conformaban con seguir las alternativas a través de los ventanales.
El hombre llega a la luna y los restaurantes locales se hacen estrechos para seguir la caminata lunar, increible, asombosa de Neil Amrstrong. Los jóvenes se deslumbran con la música de los Beatles. Los movimientos juveniles de Norteamérica de finales de los sesentas, nos llegan a través de los altoparlantes de la plaza, donde se escucha a Bob Dylan, Joan Baez o Jimmy Hendrix. Surge el poder joven. Las melenas al viento y los collares. La minifalda se impone en la plaza, provocando la admiración de los varones que dan vueltas y vueltas, en largas conversaciones, donde la intercomunicación social provoca el encuentro de los estudiantes del Liceo de La Ligua con los del INBA, el INF o del Liceo de San Felipe. Los temas de conversación, van desde la realidad nacional, pasando por el último libro de García Márquez , Powell y Berger, Marcuse o Jean Paul Sartre.
Los terremotos han sido hitos en la historia de La Ligua, con toda la carga de dramatismo que una catástrofe puede provocar. Las muestras de solidaridad, surgen de inmediato: caravanas de camiones provenientes de todo el pais, llegan hasta La Ligua con casas de emergencias, alimentos, vestuarios y artefactos para los damnificados.
Marzo de 1965: 12,45 hrs. La tierra se estremece, como una gran explosión nuclear, una nube de polvo cubre gran parte de la ciudad. La noticia recorre los teletipos del mundo. La Ligua está en el suelo. La mayoría de las viviendas de adobes sucumben a la fuerza del sismo. Se conoce la tragedia del cobre. El gobierno se moviliza.
Julio de 1971: Noche de Hichtcock. Una neblina arrastrada deja caer su manto sobre la ciudad. La población sigue los informativos de televisión Nacional que hablan de la nacionalización del cobre, canal 4 muestra las destrezas e ingenio de Renzo Pechenino. Un ruido ensordecedor, corte de energía eléctrica y más de 300 réplicas durante la noche, mantienen a los liguanos en vigilia; en improvisadas carpas; entre frazadas y fogatas. Noche larga. Llega el alba y el cuadro es desolador: viviendas destruidas y agrietadas, cortes de agua potable y llamdas de emergencias son la tónica del momento.
El templo parroquial, pese a mostrar una estructura sana y aparentemente intacta, por decisión de los técnicos de la época es derribado, utilizando maquinaria pesada, ya que este se resiste a caer.
Los cambios y vaivenes políticos, golpean fuerte a nuestra ciudad. Comienzan los tiempos de las dudas, las sospechas y desconfianzas.
Las autoridades de la époc a. Deciden en una oficina, borrar la memoria de los liguanos y para eso que mejor que destruir un símbolo, lugar de encuentros y desencuentros. De amores y de amistades. La plaza de armas, cual muro de Berlín se cierra con alambres púas, provocando escozor y una indignante y silenciosa rabia. Tan característica, tan nuestra. La segunda casa. La pasada obligada del Liceo; a conversar o a pololear. De pronto la destrucción y con ella la impotencia. Y nadie dijo nada...
Hoy, La Ligua y sus miles de habitantes, muchos de los cuales son liguenses, como se autodenominan, tiene un futuro promisorio para sus hijos, done nadie sobre. Donde nadie sea discriminado, por sus ideas o apariencias. Donde ojalá no veamos rayados en las paredes "odio La Ligua".
Necesitamos a los mejores en la conducción de su administración: los creativos y sensibles en lo social. Que busquen el bien común y no el aprovechamiento personal. Que entiendan que el poder no es para someter a sus semejantes. "El fin por loable que sea no debe justificar los medios". Quien no entienda, ni respete las leyes del equilibrio se expone al juicio de la historia y del destino, el cual puede llegar a ser muy cruel.
A través de esta página rendimos homenaje a nuestros ilustres personajes que contribuyeron a engrandecer a La Ligua: Enrique Doll Rojas, Armando Garay Fernández, Lucho Fuentes, Rogelio Godoy, Misael Becker, Marcos Äguila, Humberto Matamala. A nuestros personajes populares que con su chispa candor y alegría, forjaron la identidad y riqueza cultural de La Ligua: Juanito Meneque, eterno buscador de la mina de oro del Pulmahue. Quien con su característico delantal blanco vendía quesos a $50, que había comprado a $100. Meléndez, un alcohólico que recorría la ciudad y tenía gestos agresivos; Vizcaino decidió quedarse solo, ya que su familia decidió abandonar la ciudad; Capacho, hombre con aspecto de hipopótamo, de ojos enrojecido, quien respondía con insultos, a los niños que se burlaban de él. Famoso fue también POTACO, quien se creía camión. Telésforo vivía en el sector del Cerro Municipal y se decía que su plato favorito estaba constituido por felinos.